lassla*

"Cadáver exquisito" de palabras, imágenes, pensamientos, ideas y sonidos.

"Exquisite corpse" of words, images thoughts, ideas and sounds.

Lisa Yuskavage. Little Northview. Óleo sobre tela. 50.8 x 45.7 cm. 

El placer de lo femenino: Morbosidad inocente. 
Lisa Yuskavage es una artista que nos muestra con su trabajo la postura de una mujer contemporánea que no encaja en los estereotipos heroicos del feminismo ortodoxo o de alguna otra búsqueda épica de reivindicación femenina. Yuskavage mediante la articulación lúdica y subversiva de sus propias fobias-adicciones sobre la mujer y sus estereotipos, plantea una mirada sin solemnidad o restricción moral. Ese es el gran acierto que logra, ya que siendo mujer libera las propias fantasías femeninas. Éstas no solamente resultan placenteras al hombre, sino a ella misma. Ese desbordamiento de sexualidad en sus personajes no es fortuito, y es por eso que va aunado a una gran sensualidad que Yuskavage activa mediante colores, fetiches y voluptuosidad. 
La mujer su vuelve un objeto de deseo no sólo en su forma, sino en su actitud provocativa sin disimulos (como su cabellera rubia o los hairdo). Esta objetualización resulta agresiva para el espectador ya que es obvia y a la vez sutil, con sus desnudos desvergonzados y composiciones sediciosas propicia un juego de perversidad y morbo que resulta incómodo, pero placentero. Es el travesieo entre la sensualidad femenina y la seducción sexual. Sin embargo, ese placer no es exclusivo del hombre, ya que la mujer al percibirse como deseable también le resulta placentero. Así, esa sexualidad desbordada es solamente el pretexto más obvio para jugar con lo que verdaderamente busca confrontar: la visión fetiche-morbosa-perversa ante la mujer y su sexualidad, desde la mirada masculina y la propia femenina. 
Su trabajo es de gran perspicacia, ya que mediante herramientas como colores suaves, transparencias bien logradas, flores o pequeñas niñas, que en otros casos no podrían ocurrir como detonadores sexuales perturbadores, hacen de estas pinturas objetos puros de deseo; a pesar de que en algunos otros casos es lo inverso y usa colores saturados, collares de picos o semblantes de prostitutas para lograr este efecto. Yuskavage logra detonar dispositivos reprimidos en el imaginario de los espectadores que al momento de placerle también lo angustia e impacta. 
Además, no se puede pasar por alto su excelente hechura técnica y compositiva, que también funge como dispositivo agresor, ya que al haber un buen manejo de línea, dibujo y técnica, no hay un reproche inmediato a las formas por sí mismas, sino por como se articulan entre sí; lo cual me parece otra virtud por destacar de su obra. Estas elementos formales los utiliza reiteradamente, como por ejemplo la uva/pezón, convirtiéndose en una iconografía propia que crea un discurso narrativo dentro de su obra dándole una congruencia como conjunto artístico. 
El arte de Lisa Yuskavage no es parte de una tradición formal digerible o de fácil convivencia, que en mi opinión no fue un factor que tomará a consideración la artista. Más bien, lo que hace es evidenciar su postura y confrontarse consigo misma. El primer contacto con cualquiera de sus pinturas es un claro enfrentamiento, lo que no es evidente es entre quien: si ocurre entre el pintor y el espectador; entre el personaje y el espectador; o entre el espectador y sus propios espectros, dejando implícita la placentera morbosidad de esta perversión.
por Lassla Esquivel 

Lisa Yuskavage. Little Northview. Óleo sobre tela. 50.8 x 45.7 cm. 

El placer de lo femenino: Morbosidad inocente. 

Lisa Yuskavage es una artista que nos muestra con su trabajo la postura de una mujer contemporánea que no encaja en los estereotipos heroicos del feminismo ortodoxo o de alguna otra búsqueda épica de reivindicación femenina. Yuskavage mediante la articulación lúdica y subversiva de sus propias fobias-adicciones sobre la mujer y sus estereotipos, plantea una mirada sin solemnidad o restricción moral. Ese es el gran acierto que logra, ya que siendo mujer libera las propias fantasías femeninas. Éstas no solamente resultan placenteras al hombre, sino a ella misma. Ese desbordamiento de sexualidad en sus personajes no es fortuito, y es por eso que va aunado a una gran sensualidad que Yuskavage activa mediante colores, fetiches y voluptuosidad.

La mujer su vuelve un objeto de deseo no sólo en su forma, sino en su actitud provocativa sin disimulos (como su cabellera rubia o los hairdo). Esta objetualización resulta agresiva para el espectador ya que es obvia y a la vez sutil, con sus desnudos desvergonzados y composiciones sediciosas propicia un juego de perversidad y morbo que resulta incómodo, pero placentero. Es el travesieo entre la sensualidad femenina y la seducción sexual. Sin embargo, ese placer no es exclusivo del hombre, ya que la mujer al percibirse como deseable también le resulta placentero. Así, esa sexualidad desbordada es solamente el pretexto más obvio para jugar con lo que verdaderamente busca confrontar: la visión fetiche-morbosa-perversa ante la mujer y su sexualidad, desde la mirada masculina y la propia femenina.

Su trabajo es de gran perspicacia, ya que mediante herramientas como colores suaves, transparencias bien logradas, flores o pequeñas niñas, que en otros casos no podrían ocurrir como detonadores sexuales perturbadores, hacen de estas pinturas objetos puros de deseo; a pesar de que en algunos otros casos es lo inverso y usa colores saturados, collares de picos o semblantes de prostitutas para lograr este efecto. Yuskavage logra detonar dispositivos reprimidos en el imaginario de los espectadores que al momento de placerle también lo angustia e impacta.

Además, no se puede pasar por alto su excelente hechura técnica y compositiva, que también funge como dispositivo agresor, ya que al haber un buen manejo de línea, dibujo y técnica, no hay un reproche inmediato a las formas por sí mismas, sino por como se articulan entre sí; lo cual me parece otra virtud por destacar de su obra. Estas elementos formales los utiliza reiteradamente, como por ejemplo la uva/pezón, convirtiéndose en una iconografía propia que crea un discurso narrativo dentro de su obra dándole una congruencia como conjunto artístico.

El arte de Lisa Yuskavage no es parte de una tradición formal digerible o de fácil convivencia, que en mi opinión no fue un factor que tomará a consideración la artista. Más bien, lo que hace es evidenciar su postura y confrontarse consigo misma. El primer contacto con cualquiera de sus pinturas es un claro enfrentamiento, lo que no es evidente es entre quien: si ocurre entre el pintor y el espectador; entre el personaje y el espectador; o entre el espectador y sus propios espectros, dejando implícita la placentera morbosidad de esta perversión.

por Lassla Esquivel 

  • 14 May 2012
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